por César Velásquez marzo 03, 2019

Corría el año 1954 en Cuba. Fulgencio Batista, tras un par de años iniciada su dictadura militar, motivada por su inminente derrota en las elecciones del 1952, para evitar que el Partido del Pueblo Cubano ganara constitucionalmente la presidencia, realizaba una fraudulenta votación para legitimizar su gobierno. Fidel Castro se encontraba recluido, tras intentar tomar el Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Los ambientes eran tensos y las guerrillas que desencadenaron la Revolución Cubana se sentían venir. En este contexto, Joaquín M. Condall, quién había asumido como director artístico en la televisión cubana en el año 1950, provocó una gran conmoción en Cuba. El día 28 de diciembre, trajo un platillo volador a La Habana.

Es conocido para algunos lo acontecido cuando, algunas décadas antes,  Orson Welles realizó una dramatización transmitida por radio en los Estados Unidos, que se trataba de una adaptación del libro La guerra de los mundos, provocando gran impacto y hasta pánico en la población, ya que la forma en que fue presentada, daba la impresión de que se trataba de una verdadera invasión extraterrestre en New Jersey. Joaquín M. Condall, conociendo y fascinado por este episodio, y aprovechándose de los numerosos testimonios de gentes que declaraban ver objetos extraños en el cielo, decidió ir un paso más allá. Con su genio y posición, mandó a construir una nave espacial.

Esta era bastante grande, realista −considerando el imaginario colectivo de esa época sobre cómo lucían los O.V.N.I.−, usando materiales brillantes, luces y sonidos inquietantes que surgían desde dentro del platillo. Para generar un verdadero impacto, la armaron por partes y luego la ensamblaron e instalaron en el centro de La Habana durante la madrugada, para no levantar sospechas. En la mañana, la noticia de la aparición de un platillo volador no tardó en esparcirse. Pronto la nave estaba rodeada de cientos de curiosos, expectantes y asustados por lo que podría venir después. Durante algunas horas, la nave sólo estuvo estacionada, provocando incertidumbre en los que veían aquel bizarro espectáculo: ¡Los marcianos invadían Cuba!

La policía y los bomberos no tardaron en llegar y prepararse para actuar (cabe volver a recalcar que estamos en plena dictadura de Batista), los medios tampoco se quedaron atrás y comenzaron a esparcir aun más la noticia, dando notas en vivo. Cuando la multitud ya no podía seguir siendo contenida y llegan las fuerzas militares, finalmente sucede lo esperado por todos, la nave comienza a abrirse. Desde dentro comienzan aparecer figuras de la televisión cubana, entre ellas la famosa vedette y actriz Rosita Fornés, disfrazados con extravagantes trajes, escafandras y demases. Al reconocerlos, los ánimos de la gente se relajaron. Los que no estaban muy contentos con el asunto fue la policía, que los detuvo no sólo por haber perturbado el orden público, pues la cantidad de gente que se había apiñado había interrumpido el tráfico, sino que también por el ridículo que los había hecho pasar.

Todo se trataba de una estrategia publicitaria ideada por Joaquín M. Condall para el programa de televisión Mi esposo favorito, que había contado con el patrocinio de la cerveza cubana Cristal, aprovechándose del día de los inocentes. Tras unas horas, los actores detenidos fueron liberados, tras gestiones de la televisora. La estrategia publicitaria ganó indiscutiblemente premios y menciones en diversos medios. Y aunque la historia, al ser tan popular, se tergiversó bastante, agregando detalles, como que muchas bailarinas bajaron al ritmo del chachachá Los marcianos y cosas así, la verdad es que esto no fue así, sólo sonó la cortina musical del programa que publicitaban y sólo los actores estaban dentro de la nave.

Los marcianos llegaron ya y llegaron bailando el Ricachá: Aunque en los recuerdos del suceso y en muchas páginas y reportajes asocian este famoso chachachá con este evento, la verdad es que la canción no fue lanzada sino unos meses después del acontecimiento. El compositor cubano Rosendo Ruiz Jr. inscribió la canción recién en marzo del 1955. Lo que probablemente significaría que una de las canciones más emblemáticas sobre extraterrestres en lengua española, ganadora de un premio Wurlitzer el mismo año 1955, haya sido inspirada por este artilugio publicitario.

El jueguito de Orson Welles con La guerra de los mundos de H.G. Wells ha sido reversionado en varias ocasiones en diferentes partes del mundo con diferentes efectos –quizás en un futuro volvamos a alguna de estas versiones, pues algunas tuvieron resultados jocosísimos. El platillo volador aterrizado en Cuba nos entregó uno de los mejores chachachás conocidos, que cuenta con cientos de covers y menciones por músicos y programas de TV. Y hasta hace poco, cuando algunos programas de bromas y cámaras ocultas comenzaron a manejar grandes presupuestos, no existían casos similares. Por lo que merece una mención honrosa en lo que refiere a la cultura pop ufológica.

 

César Velásquez
César Velásquez


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